Vidas cruzadas

Es la sensación de contacto… en cualquier ciudad por la que camines, ¿comprendes? Pasas muy cerca de la gente y esta tropieza contigo”. Es una de las frases que emplea Graham Waters, el veterano y racista detective de la película Crash de Paul Haggis (2004), interpretado por el actor Don Cheadle.

El film –para aquellos que hayan cometido el sacrilegio de no verla todavía–, cuenta las historias de diferentes persona- jes de Los Ángeles que se acaban entrelazando, formando una estructura cíclica.. Todos son víctimas y agresores, todos colisionan durante 36 horas. Se trata de un profundo análisis de la sociedad estadounidense, donde quedan plasmadas las tensiones sociales y raciales. Ganó tres Óscar, entre ellos el de mejor película. ¡Pero cuidado! No confundirla con la de David Cronenberg del mismo título del año 1996. Pues hace poco me ocurrió algo mientras circulaba con mi flamante scooter por las calles de Barcelona en plena hora punta. A primera hora de la mañana, todavía con el sueño pegado a mis huesos, me disponía a empezar una agradable jornada laboral con un auténtico aguacero sobre la ciudad condal. En un cruce, un motorista encima de otro scooter se saltó la señal de Stop y casi colisiono con él. El conductor al menos se disculpó… Acepté las disculpas, pero suerte que yo no tenía ningún coche por detrás… sino seguro que se me hubiera llevado por delante. Por suerte ambos íbamos con extrema precaución por el estado resbaladizo del asfalto.

Al final del día de trabajo quería dirigirme al centro de la ciudad, también era hora punta, así que las calles estaban atestadas de coches, motos, furgonetas, autobuses y algún ciclista que no sabe todavía lo que es esto del carril bici… Pues en pleno caos circulatorio de nuevo un motorista me hace una imprudencia y me adelanta por la derecha a una velocidad excesiva y pasándome lamiendo mi scooter. Luego él tuvo que frenar bruscamente porqué el semáforo estaba en rojo. Me pongo a su lado, le miro bien y ese casco y ese scooter me resultabas familiares… Ya había visto este scooterista en otro momento… ¡Y caí que era el mismo tipo que se saltó el Stop por la mañana y con el que casi choco! El tío se percató también cuando llevábamos un rato esperando la luz verde. Dudé entre recriminarle su acción –¡encima era reincidente!–, ignorarle o bien reírme por el mero hecho de ser una casualidad de encontrarme con el mismo tipo. Pues cuando nuestras miradas se cruzaron no disimulamos y le dije con un poco de coña: “¡Ya van dos eh!”. Él me respondió algo que me sonó muy pedante: “¡Es el eterno retorno de Nietzsche!”. Y ya abrió gas rápido y se fue porqué el semáforo ya cambió de color. Encima de ser un provocador de accidentes es un filósofo… Pues mejor que se dedique a moverse por la ciudad andando y pensando o en transporte público… A mí lo sucedido no me inspiró a los pensadores, sino a la oscarizada película de Paul Haggis. Por suerte no llegamos a impactar. Aunque el detective Waters comentara que “en Los Ángeles nadie te toca. Estamos siempre tras este metal y cristal y añoramos tanto ese contacto que chocamos contra otros sólo para poder sentir algo”. Sin duda, espero no sentirlo…

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