“Moting”

Aquellos que hayan visitado hace poco la Ciudad Condal -y, desde luego, quienes residan en ella- habrán sido testigos de ese fenómeno llamado “Bicing”.. De nuevo pido disculpas por abordar un tema a priori local… pero, de nuevo también, lo hago en la convicción que tarde o temprano otras ciudades españolas sucumbirán a esa misma moda. Que me consta que representantes de Madrid, Sevilla y Valencia ya han estado por Barcelona preguntando cómo funciona este invento… En resumen, y para no extenderme con detalles probablemente ya conocidos, el Ayuntamiento de la capital catalana puso en marcha hace unos meses un servicio municipal de alquiler de bicicletas a precios económicos para realizar pequeños recorridos urbanos. La cosa funciona de la siguiente manera: a través de una tarjeta de abonado, el usuario recoge la bicicleta en una de las zonas habilitadas para ello y la deja en la que más le convenga de cualquiera de las repartidas por la ciudad. Y, por cierto, una anotación al margen para que se vea el grado de improvisación de nuestros amigos del consistorio: tuvieron que cambiar la normativa deprisa y corriendo y permitir el uso únicamente a residentes, ya que lo usaba los turistas y a punto estuvieron a cargarse los negocios privados de alquiler de bicicletas de la ciudad…
El caso es que la iniciativa ha sido un sorprendente éxito que ha superado incluso las expectativas de sus responsables. Debo decir, igualmente, que lo del bicing en sí me parece una excelente idea… pero que ha sido muy mal llevada a la práctica. Se han puesto en la calle decenas de miles de bicicletas pero no se ha creado una infraestructura adecuada de carriles bici para soportarlas. Ciclistas por la aceras, ciclistas ralentizando el tráfico, ciclistas saltándose los semáforos a conveniencia… eso si, todo de un modo muy sostenible y muy guay. Juegan en el Ayuntamiento barcelonés a ser Amsterdam y colocar en la calle miles de bicicletas -por cierto, “Made in USA”- para poderlo anunciar con grandes titulares. Pero bastan unas pedaladas para darse cuenta que no, que Barcelona no es Amsterdam… De todos modos, lo que a mi me preocupa más como motero de ciudad es que la implantación de las estaciones ciclistas se ha hecho a costa de las plazas de aparcamiento para moto. Los rincones de la ciudad donde el Ayuntamiento había colocado antes un mayor número de aparcamientos de moto están ahora obsesivamente llenos de hileras e hileras de bicis… Si antes tocábamos, más o menos, a tres motos por plaza ahora debemos tocar a diez u doce. No exagero; han puesto estaciones de “bicing” en los lugares más inverosímiles, en la mayoría de los casos a base de cargarse las zonas azules antes reservadas a las motos…
Y no, no han tocado ninguna zona azul de coche, por supuesto, que esas son de parquímetro y dan dinerito… Y tampoco han ofrecido ninguna alternativa o contrapartida a los moteros, como poder aparcar gratis en los parkings municipales, por ejemplo. A eso lo llaman en mi pueblo desvestir un santo para vestir otro. Yo lo llamo demagogia. Eso sí, cuando lleguen las municipales volverá a llenárseles la boca a los responsables del Ayuntamiento con que la moto es un símbolo de identidad de la ciudad y de que Barcelona es la capital motera de Europa y que si hemos superado a Milán y bla,bla, bla… y moteros, votadme… que yo iba en moto a la Universidad… Yo lo seguiré teniendo muy claro. Pese a ellos, antes que “bicing”… ¡¡¡“moting”!!!

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