Libertad para prohibir
Puede parecer, a priori, un tema forzado para el editorial de esta revista, teniendo en cuenta que no hay ningún scooter que llegue ni por asomo a esa caballería pero -como ocurre casi siempre- el proyecto gubernamental de limitar la potencia de las motos a 100 CV es solamente el preámbulo de algo que va a acabar afectándonos también a los motoristas urbanos: las “ganas” que le tiene este gobierno a la moto y a los motoristas. Espero de todo corazón que la idea en cuestión sólo sea un globo sonda… aunque personalmente creo que las huestes de Navarro y Rubalcaba se saldrán con la suya. Llevan tiempo detrás de limitar cubicaje o potencia. La ignorancia es lo que tiene; es muy perseverante. Claro que también espero que, de ser así, los votantes motoristas obremos en consecuencia en las próximas elecciones porque este gobierno tan progresista y al que tanto se le llena la boca con la palabra libertad, ha demostrado tener una predilección casi enfermiza por prohibir, regular y limitar. No hay espacio de la vida civil que no haya conocido su voracidad reguladora. Hemos aceptado sin rechistar que nos digan cómo comer, cómo cómo pensar, cómo copular, cómo hablar, cómo divertirnos, cómo gastar, cómo emplear el tiempo libre y cómo educar a nuestros hijos. Era de esperar que tarde o temprano iban a decirnos también cómo ir en moto… Siempre ha pasado que los gobernantes mediocres esconden su mediocridad bajo montañas de decretos ley. Por supuesto que hay que luchar contra los conductores incívicos y potencialmente criminales. Pero ya existen herramientas en el código penal para hacerlo, sin necesidad de apuntillar a la industria motociclista. Debe ser que uno ha nacido con vocación de clamar en el desierto: a una moto de 150 CV la hacen peligrosa no los 150 CV sino la falta de juicio y sentido común de quien la conduce. Y, sin prudencia, sin sentido de la responsabilidad y sin respeto a las normas y a los demás, un modesto scooter de 30 CV ya es un arma mortal. Resulta, dicen ellos, que las estadísticas demuestran que las motos de más de 100 CV son las que se ven más involucradas en accidentes. Lo que no dicen, porque no van a dejar que la verdad les eche por tierra un buen discurso ¿verdad? es que eso es así simplemente porque son las más abundantes Se trata, por tanto, de una norma absurda que lo único que demuestra es la nula capacidad y voluntad del Gobierno para entender y acercarse con realismo al mundo de las dos ruedas. Pero es que, además de absurda, es ofensivamente discriminatoria. Vivimos en una dictablanda de lo políticamente correcto en la que todos hemos de ser iguales, miembros y miembras, solidarios, alternativos y sostenibles. Pues bien, en aras de esa igualdad y esa sostenibilidad, que limiten también la potencia de los coches que, por cierto, gastan bastante más recursos y espacio que las motos. ¿O es que 200 CV para un utilitario son razonables y sostenibles y 115 en una moto no? Por esa misma estúpida regla de tres, penalicemos a los fabricantes de bebidas alcohólicas porque es con sus productos con los que se emborrachan los conductores… ¡Caramba! ¿Le habré dado una idea…? Mejor me callo…




