El regreso de Beetlejuice

(Basado en hechos verídicos). Descansaba plácidamente en un asiento de un vagón del tren regional que va desde la localidad termal de Caldes de Malavella (Gerona) a Barcelona. Era un sábado por la tarde y prometía ser un viaje tranquilo y cómodo. Pero esta idea se quedó en utopía cuando en el ferrocarril subió un personaje todo raro.
Vestía una gabardina negra con un sombrero también negro, era altísimo y con unas melenas descomunales. Se parecía al mítico Undertaker (el Enterrador del Pressing Catch norteamericano). Este misterioso ser avanzó lentamente por el pasillo del vagón mirando al suelo y se sentó a pocos metros de donde estaba yo, sin quitarse ni el abrigo ni el sombrero. El tío se quedó bien sentado, con la cabeza fija hacia delante. No se movía ni un milímetro de su cuerpo…
Se quedó completamente inmóvil durante gran parte del trayecto. Para mí que era alguna figura del museo de cera que había cobrado vida y había logrado escaparse. Yo estaba tranquilo, con los ojos cerrados, dejándome seducir por la música de mi Ipod… Pero algo me decía que allí pasaría algo debido a mi capacidad inherente para atraer a freakes… ¡Y así fue!
De repente empecé a escuchar una voz. ¡Era un auténtico trueno! Cuando era pequeño pensé alguna vez en cómo sería la voz de Dios… ¡Pues era esa! El oscuro personaje estaba discutiendo acaloradamente a través del móvil. Enfurecido, dio algunos golpes contra el cristal, apagó el móvil y volvió a su posición natural. Los pasajeros que estaban más cerca se levantaron y cambiaron de vagón. Así que el que se quedó más cerca del intruso era yo.
Pensé en seguir a mis vecinos de viaje en su éxodo pero no me atreví. Disimulé que estaba relajado con mi música en los oídos…
Pero el rojizo de mis mejillas me delataban.
¡Al menos el tío seguía tieso con la mirada al frente! La sorpresa vino cuando el pasajero que se encontraba en el asiento de detrás de mí se levantó y fue a pedirle calma al individuo. Miré al pasajero y pensé que porqué demonios va ese ahora a pedir explicaciones… ¡Qué manera de complicarse la vida! Se trataba de un verdadero kamikaze. El hombre de negro, sin decir ni mu, se quedó mirándole y se levantó. El otro dio un pequeño paso hacia atrás pero aguantó bien la mirada y yo volví a pensar en pedir asilo al otro vagón. El individuo se quitó el sombrero… ¡Era clavado a Beetlejuice! El personaje que popularizó Tim Burton en 1988 – y de infaustos recuerdos para mí ya que cuando sólo tenía seis años fui al cine a ver esta película y acabé meándome encima -. Ahora, casi 20 años después, no sufría por mi vejiga, sino por mi vida. Beetlejuice miró fijamente los ojos del hombre que se aventuró en retarle y le dijo: “¿Usted tiene hijos?” Y el otro le contesta: “Sí, ¿Y qué?”
El personaje le replica: “Pues por favor, por su bien, no me moleste” Y la otra persona se quedó sin habla y más blanco que el niño de Los otros.
El buen hombre se fue pero regresó a por él de nuevo justo cuando bajaba a mi parada con la canción Good day to die de Hot hot heat en mi mp3.
Estuve con un amago de infarto durante todo el día, pendiente de las noticias por si comunicaban que alguien la había palmado en un tren en Barcelona o por si habían pillado a un extraño con plutonio o nitrógeno líquido en el equipaje. Pero por suerte no escuché ni leí nada sobre el suceso.
Este hecho confirmó mi idea de viajar en moto y dejar de ir en tren, para así no cruzarme con personajes tan extraños. Por suerte ya falta poco.

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