El factor humano

Los padres de la patria catalana, sean quienes sean -que por ínfulas y candidatos no va a quedar- han llenado Barcelona de rostros de un serio Crivillé que, desde las vallas publicitarias y las traseras de los autobuses, nos dice circunspecto -en realidad Alex, que es una bellísima persona, siempre tiene cara de circunspecto, para que nos vamos a engañar- que pese a los años que hace que va en moto sigue sintiendo respeto ante el riesgo que representa y recordándonos que “llevar una gran moto exige una gran responsabilidad”. A ver, a mí todo lo que sea recordarle a la gente que hay que andarse con ojo y prudencia me parece bien. Lo que no acabo de tener nada claro (o si… que de los padres de la patria catalana hace ya tiempo que me lo creo todo) es porque la campaña de marras criminaliza al vehículo, que en el fondo no tiene ninguna culpa.
No hay motos que requieran más o menos responsabilidad. Todas requieren exactamente la misma… desde una Pocket-Bike a una Hayabusa. De 1000 o de 50, todas tienen un puño de gas que gira en dos sentidos. El sentido de la responsabilidad lo pone la parte humana del conjunto… igual que el tacto sobre el puño del gas. La prudencia no tiene nada que ver con las cilindradas. Que lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo presta… dice el refrán… y Hamamatsu tampoco lo fabrica… añadiría yo. Quien se sube a una moto de 150 CV sin estar preparado para ello es un inconsciente. Quien se sube a una moto de 14 CV sin estar preparado para ello es igual de inconsciente. El denominador común en ambas situaciones de imprudencia es la inconsciencia del conductor. Lo otro, la caballería de la pobre moto a la que le ha tocado un conductor gilipollas en la rifa motorista de humanos al manillar, es un dato accesorio. Porque, además, en muchas ocasiones ni siquiera es proporcional la cilindrada a la gravedad de las lesiones.
Está claro que en este particular “Día de la marmota motera” que nos toca vivir, estamos condenados a repetir siempre, una y otra vez, las mismas cosas: No hay motos asesinas. No hay coches asesinos. Ni siquiera hay pistolas asesinas. Ni coches ni motos ni pistolas hacen daño por si mismas.
Lo hacen algunos desalmados que las manejan. Desalmados que si no tienen coches, motos o pistolas harán daño con tractores, llaves inglesas o cuchillos jamoneros. Es a ellos a quien hay que colocar la etiqueta de “peligrosos”… no a los cuchillos jamoneros. Y de verdad que no pretendo banalizar algo que, en el fondo, esconde tragedias humanas… pero para salir a la calle con un cuchillo jamonero de 40 centímetros de hoja afilada como una cuchilla de afeitar, también hace falta mucha responsabilidad. O para comprar somníferos en una farmacia. O gasolina en una gasolinera…
Y claro que soy consciente que hay gente insensata que aprovechando los años de bonanza se ha comprado motos que superaban su experiencia. Y, por supuesto también, que soy perfectamente consciente que el mensaje de Crivillé y la Generalitat va por ahí… pero es que, aún así, la culpa sigue sin ser de la moto. Mostrarla como una máquina de matar para que los potenciales usuarios le cojan miedo es una canallada para las futuras generaciones. Claro que educar a los adultos en el miedo es más barato y menos comprometido que educar en la seguridad vial a los niños.
Lo importante es que nuestros escolares sepan dibujar palomitas de la paz y que Bush es muy malo. Lo otro, que hay que respetar las normas y a los demás, ya se lo enseñará la vida… ¿verdad?

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